En lo alto del Cerro San Antonio, donde el mar se encuentra con las sierras y cada atardecer pinta la bahía de Piriápolis con tonos dorados y rosados, se levanta una casa que parece hecha para disfrutar la vida en plenitud. Su ubicación es estratégica: lo suficientemente cerca del centro y las playas para sentir la energía de la ciudad, pero con la tranquilidad que solo la altura puede regalar. Al entrar, el amplio living recibe con el calor de una estufa a leña, un rincón perfecto para noches acogedoras en familia o charlas interminables con amigos. La cocina comedor, práctica y luminosa, se convierte en el corazón de las reuniones, mientras que el parrillero techado invita a celebrar cada encuentro con vistas que roban el aliento. La casa se distribuye en tres dormitorios y dos baños, ofreciendo comodidad y privacidad para todos. Cada ventana es un cuadro natural: